Editorial 12: Educación en Valores

Noviembre de 2012

Tener valores para cuestionarse es esencial para poner en practica una educación emocional. Es decir, es necesario poder entender el funcionamiento de uno en relación con los diferentes funcionamientos de los niños que mencionamos en la guía para poder entenderles y llegar a enseñar y educar.

Es muy frecuente oír hablar de lo que parece ser una crisis de valores en nuestra sociedad. Se habla de juventud desmotivada, sin compromiso social, hedonista, donde el placer, la consecución rápida del éxito, las actitudes egoístas, priman sobre la fuerza de voluntad, el esfuerzo, la participación, el altruismo y los logros a largo plazo. Por otra parte, también hay una parte de la juventud muy implicada en acciones de voluntariado, comprometida con ayudar a los demás, participativa y comprometida con planes de vida donde valores como la justicia, la tolerancia, el compromiso con la sociedad, y con la naturaleza, juegan un papel importante. A pesar de ello, sí parece haber un grupo importante de jóvenes bastante perdidos en cuanto a los principios que quieren que guíen sus vidas, que no tienen una dirección clara hacia donde quieren ir, donde los necesarios valores que todos necesitamos para orientarnos están ocultos o no existen.

Las instituciones educativas se definen a sí mismas con una serie de principios esenciales que guían su labor educativa, siendo de los más frecuentemente encontrados en la “misión” definitoria de los centros educativos el respeto, la tolerancia, la formación del carácter, el equilibrio entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional. Pese a ello, pensamos que hay que sacar esos valores fundamentales de los documento institucionales, y convertirlos en realidad en las aulas, los recreos, los comedores y en la relación profesor-alumno. De la misma manera, en las familias, la mayor parte de las cuales tienen más o menos claro cuáles son sus principios morales fundamentales, creemos que es tiempo de que esos principios estén presentes, de forma implícita y explícita, en la vida cotidiana. Los niños y adolescentes deben conocer los valores que se les quieren transmitir, deben ser capaces de hablar de ellos, de saber lo que significan, reflexionar sobre si sus conductas o sus decisiones están en acorde con esos principios o no, y si no, analizar por qué toman sus decisiones.

Los valores que acompañen en la vida a cada persona pueden ser diferentes para cada uno de nosotros, pero ser conscientes de ellos y asumirlos es fundamental para llevar una vida coherente, con una dirección clara y con posibilidades de realización y satisfacción personal. El colegio, la familia, deben fomentar de forma muy clara, de forma activa, la reflexión sobre las motivaciones que a cada niño o adolescente le mueven para tomar las decisiones que toma. Tomar conciencia de lo que supone para los demás, para el propio futuro, para la vida, las decisiones que se toman, es parte esencial de la educación para la vida adulta.

En un momento social de gran competitividad, y de escasez de empleo, de lucha por la subsistencia, la educación a veces se hace muy competitiva, necesita llenarse de contenidos, y parece a veces faltar tiempo para ejercer una convivencia escolar civilizada, responsable y consciente. Las horas de tutoría, de resolución de conflictos individual o grupalmente cuando hay problemas en clase, son una inversión a largo plazo aunque a corto plazo pueda parecer que quitan tiempo al curriculum.

Pongamos un ejemplo:
Un grupito de niñas de 11 años están haciéndole burla a otra. El tutor pasa por delante y puede hacer varias cosas:

  • Decir en tono de reproche /reprimenda ¡niñas! ¡ya está bien!
  • Castigar a las que han insultado a terminar el recreo y entrar en clase
  • Reunir a la clase 15 minutos (aún retrasando el inicio de la lección), hablar del tema, y reparar, por ejemplo, que cada niño de la clase le diga algo positivo y sincero a la niña insultada, y que cada niño escriba en un papel algo negativo de sí mismo y se lo enseñe a la profesora
  • No hacer nada y pensar ¡a ver si aprende a defenderse!

Todos los días, en casa y en el colegio, se dan situaciones donde aparece tensión, o donde hay que tomar una decisión de entre muchas, o resolver un conflicto. Todos esos momentos son oportunidades para poner de manifiesto la importancia de los distintos valores que se ponen en juego. Ante una situación en que un alumno se mete con otro o un hermano con otro, hay varias respuestas posibles, desde la tenue reprimenda hasta la parada de toda actividad, para dar importancia absoluta y rechazo absoluto a lo que está pasando. Los niños y adolescentes deben tener muy claro qué actitudes no se van a tolerar de ninguna manera, cuales no son deseables, cuales son deseables y cuales entran dentro de la decisión personal.

El modelo disciplinario del centro, y que los profesores tomen conciencia de que son modelo para los niños y adolescentes, que la forma en que se relacionen unos educadores con otros va a ser un ejemplo, que su manera de resolver los conflictos, de manejar las tensiones entre alumnos va a ser imitada y va a dar a los alumnos las claves para conducirse en las relaciones humanas, son básicos. Igualmente, los padres, la relación que tengan entre ellos, su cordialidad y entendimiento, o el manejo de su desencuentro, sus relaciones con el resto de la familia, van a ser asimismo ejemplificantes.

Existen una infinidad de valores posibles, y cada cultura, cada familia, cada momento histórico prioriza unos sobre otros. Son los principios o las creencias que con más fuerza identifican los aspectos importantes de la vida, que mueven las conductas y las decisiones de las personas, y de las familias. Justicia, familia, solidaridad, amistad, honestidad, libertad, generosidad, constancia, esfuerzo, equidad, fuerza de voluntad, compasión, hospitalidad, fortaleza, y un larguísimo etc. Para cada familia, para cada escuela, el orden de prioridad de los valores que le mueven será diferente. Cada cultura comparte una serie de valores básicos. Los filósofos y los sociólogos debaten cuales son los valores esenciales para el desarrollo de la civilización, los líderes espirituales cuales son los valores más importantes para el desarrollo de un determinado tipo de espiritualidad. Los psicólogos estudian los valores esenciales para el desarrollo del carácter. Unos y otros discuten los valores más importantes para una buena realización personal dentro de la naturaleza de cada uno.

Hay algunos valores que suelen aceptarse como universales. Dos de ellos probablemente son la tolerancia y el respeto a los demás. Esto incluye el respeto a los diferentes, a los que tienen ideas, costumbres, valores distintos, lo cual significa respetar la dignidad de todos los seres humanos.

En cada escuela, en cada familia, hay implícita o explícitamente unos principios que rigen de forma general su devenir. Hay escuelas donde se prioriza la competitividad, la competencia, la excelencia, otras donde se prioriza la cooperación, el esfuerzo, el progreso. En otras, se busca un equilibrio entre todo ello. Sean cuales sean los valores en juego, es importante que los padres sepan qué valores se inculcan en cada sistema, y que así puedan elegir aquellos más coherentes con los suyos propios. Y que los niños sepan “a qué atenerse”, qué es importante, y qué lo es menos.

Los valores dirigen las acciones, establecen principios en los que apoyarse, que trascienden al individuo, sostienen y guían ante las dificultades. La falta de valores, o anomia según algunos sociólogos la denominan, produce conductas caóticas, egoístas, incoherentes, caprichosas, impredecibles, pues hacen al individuo más dependiente de sus impulsos, sus miedos, sus instintos. Algunos pensadores modernos sostienen que la vida en las ciudades actuales, la prisa, la competitividad extrema, el desconocimiento de los seres humanos que viven a nuestro lado, puede llevar a una desestructuración peligrosa del mundo de los valores en los seres humanos. La mezcla de razas, etnias, orígenes de las personas que actualmente viven en un mismo espacio (las ciudades modernas) ponen a prueba la capacidad para convivir, tolerar, respetar, de forma pacífica y constructiva. Tradicionalmente, había más uniformidad, las personas que vivían juntas compartían más o menos un sistema de valores común, pero esto ya no es así. Dependiendo de los valores imperantes en una sociedad, ésta tendrá más o menos flexibilidad para incorporar de forma pacífica a los diferentes.

La educación en valores es una tarea irrenunciable. José Antonio Marina dice que la gran característica del ser humano es la capacidad para educar a sus crías. Educar es enseñar conceptos, pero irremediablemente, en la convivencia continuada de unos seres humanos con otros (y eso ocurre en la educación) se produce también una trasmisión de valores. Y esto es uno de los grandes retos de la escuela. Trasmitir un sistema de valores coherente con el mundo actual, útil para desenvolverse en la vida, para permitir desarrollarse plenamente, para ayudar a estar permanentemente mejorando.

Como hemos visto en capítulos anteriores, los niños tienen potencial innato para determinados valores, habilidades, inteligencias, que por supuesto deben entrenarse y potenciarse. Los valores se potencian, se enseñan y hay que practicarlos. Y además son un legado fundamental para que las personas puedan tener autonomía y libertad, para que tengan un esqueleto de creencias que les ayuden no solo a levantarse tras las crisis, y resolver las dificultades, sino a crecer permanentemente como seres humanos.

Respeto y tolerancia podrían ser valores fundamentales en la enseñanza. Esto incluiría además de lo que habitualmente se considera respeto y tolerancia, con sus infinitos matices, el respeto a la persona del alumno, a su propia naturaleza. Esto incluye tolerar que cada alumno cuestione aquello que se le enseña y lo vaya modelando en función de su propio ser, su experiencia, sus proyectos, para ir estableciendo su propia jerarquía y sistema de valores e irse construyendo como persona única e independiente dentro de la sociedad.

En difícil momentos sociales, conseguir que los niños entiendan que todas las acciones tienen consecuencias, que todas las decisiones, de forma directa o indirecta, afectan a los que tenemos al lado, es una emergencia. La reflexión sobre nosotros mismos, sobre nuestras conductas, y enseñar a hacer lo mismo a los niños y adolescentes, es una prioridad en un mundo donde prima la acción sobre la reflexión.

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